Presentación

Presentación

Hola, mi nombre es Francisco. Nací en 1983, una bonita generación de la cual aprendí mucho. Por aquellos entonces, aún se jugaba en la calle. No existían los smartphones, internet no se conocía demasiado,… y la única forma de localizar a alguien era llamarlo a su teléfono fijo o ir a su casa directamente. Aunque bueno, igual recordáis los “beepers”, o “buscas”,… se pusieron de moda en los 90. Ligábamos (o intentábamos) con las chicas cara a cara, y no detrás de un dispositivo como se hace ahora. Se creaban conexiones, de las de verdad… cosa que cuesta cada vez mas.

No todo fueron cosas buenas, porque como sabéis los de mi generación (espero que no todos), tu vida tenía que llevar un camino ya marcado por la sociedad. Para tus padres, lo mejor que podías hacer es estudiar una carrera con futuro, para poder asegurarte un puesto en una gran empresa junto con un gran sueldo.

“Estabilidad” lo llamaban. ¿Pero qué es la estabilidad hoy en día? ¿Cuántos puestos de trabajo se perdieron con la crisis que se inició en el 2008? ¿Cuántos jóvenes tuvieron que emigrar a otros países (y siguen haciéndolo), para labrarse un futuro mejor? Porque está claro que no podemos dejarlo en manos de nuestros políticos ni de nuestro país, y mucho menos de cualquier empresa.

En fin, que me desvío del tema… Cuando acabé el instituto allá sobre el 2001, no sabía qué estudiar. Me llamaba la atención la mecánica, la electricidad, telecomunicaciones,… pero nada de eso para aquel entonces lo podía estudiar en Almería. Hubiera podido irme a estudiar fuera, a Granada por ejemplo, pero la economía de casa en esos momentos no acompañaba, y no valoré la opción de trabajar y estudiar, cosa que al final acabé haciendo también en Almería.

Lo que hubiera necesitado en ese momento hubiera sido tomarme un año sabático. Cada vez estoy más convencido de que es algo que todos deberíamos hacer antes de empezar una carrera. No todas las personas con 17 años son capaces de saber qué estudiar. Y ése era mi caso así que, lo más parecido a todo lo que os he mencionado, era la informática. Al fin y al cabo, ¿a quién no le gustaba estar con el ordenador? Pero os puedo asegurar, que no tiene nada que ver éso con estudiar una Ingeniería Técnica en Informática de Gestión, que es lo que yo empecé a hacer ese mismo año en horario de tarde.

Solo pude estudiar al 100% el primer año y aun así aprobé solo 5 de las 10 asignaturas. Nunca había sido mal estudiante, pero la falta de motivación es lo que tiene.

En segundo año de carrera empecé a compatibilizar los estudios con el trabajo, y así estuve los siguientes 4 años de carrera (tardé 5 en vez de 3, sí). Trabajé como reponedor en un centro comercial, en un McDonald, de prácticas en la universidad en el último año,… trabajos que, sin duda alguna, aportaron experiencia laboral a mi CV y me hicieron crecer como persona. Incluso antes de todo ésto, a los 16, estuve trabajando como peón en una rotativa. Fueron solo 4 meses en verano, pero resultó una experiencia muy grata que me introdujo en el mundo laboral y que nunca olvidaré.

Una vez terminada la carrera en el 2006, seguí pasando por diversos trabajos… algunos más relacionados con la informática y otros menos, pero todos ellos me permitieron ser económicamente independiente. Sin embargo, fui pasando por ellos, uno detrás de otro, sin sentido crítico. Sin pararme a pensar si lo que estaba haciendo era lo que quería hacer o no. Desde entonces, tan solo en 2009 me quedé sin trabajo (después de varios años ya cotizados en la seguridad social) y la mera idea de “estar en paro” me agobiaba, ya que la madurez de ese momento no era la que tengo ahora, por lo que dediqué nuevamente mis esfuerzos en encontrar otro nuevo trabajo relacionado con la informática y aportando mi experiencia laboral acumulada (también es verdad que cometí el error de atarme muy joven a una hipoteca, por lo que necesitar el sueldo…. lo necesitaba).

La cosa es que pasaron los años y seguí trabajando en un sitio, en otro… aprendiendo mucho como desarrollador web, e incluso llegué a probar de freelance… pero siempre había algo en mí que me decía que éso no era lo que quería hacer. Trabajaba por trabajar… pero no era mi pasión, o al menos no lo era de la forma en que lo estaba haciendo.

Hacía ya años que me rondaba la cabeza la idea de dejar de depender de una empresa para conseguir mi estabilidad económica. Pero no quería hacerlo como desarrollador web, sino que antes quería pasar por un proceso de reinvención personal que me permitiera poder dedicarme a otro tipo de negocio.

Pero oye, no son decisiones que se toman de un día para otro. Al menos, yo no soy fui capaz de hacerlo así. Cada persona tiene sus circunstancias, su economía, sus obligaciones… Así que me planteé tomarme un año sabático, o de reinvención,… o como quieras llamarlo, pero para ello tenía que tener un plan de acción.

Para mi encajó todo hace unos meses, en el 2017, cuando habiendo probado suerte en Madrid durante algunos meses, me di cuenta de que era más de lo mismo: motivación 0, depender de gente que no sabe lo que hace, prisas por hacer las entregas, premiar siempre el tiempo antes que la calidad… aspectos que no comparto en absoluto.

Así que empecé a ahorrar, me puse una fecha para dejar todo y volverme a mi tierra en noviembre de 2017 para, poder optimizar los gastos y empezar a disfrutar de mi año sabático.

Y llegó el momento, me despedí de todo aquello que tanto había disfrutado durante algunos meses, para empezar de 0. No fue fácil, pero lo hice. Tuve miedo, pero me lancé al vacío.

Y ése es justamente el momento que estoy viviendo mientras escribo estas líneas.

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